"Nobody's
business" (1998) es el título que muy genuinamente coloca Alan
Berliner a este documental de retrato semi-biográfico sobre su padre. En
consecuencia, este trabajo de pronto toma una nueva denominación: "Now,
it's our business” ¡yo quiero conocer a este tipo! Un hombre que en el recuento
de vivencias resulte ser un mortal más, pero que a través de la
cantidad de elementos que ofrece Berliner alrededor de su persona, se convierte
en una especie de antihéroe para el espectador.
Cómo
la vida de un inmigrante judío asentado en Estados Unidos pasa del
campo superficial a casi terrenos hollywoodenses, pero sin apellidarse Clooney
o Al Pacino sino Berliner. No sólo eso, sino con más de setenta años y -¿quizá
lo más relevante?- ser padre de un documentalista de nombre homónimo. Púes, el
director se deshace de clichés y coloca a su padre como protagonista
a través de la presentación de una lúcida propuesta autobiográfica acerca de su progenitor, exponiéndolo en primera persona con
libertad de discurso ante la audiencia a pesar de la renuencia de este en creer
que su vida pueda resultar interesante a terceros.
Pero, esta realidad del padre no sólo es trasmitir quién es
él, sino la representación de una historia genealógica de generación tras
generación que tiene como relevo al director. Es en este camino que Berliner
pretender hacer reflexionar al espectador: nuestra historia de vida, tiene
vidas atrás que no son menos atractivas y más bien presentan similitudes dramáticas
como las de una ficción.
Definitivamente,
parte sustancial del éxito de este documental son el montaje visual, el uso del
sonido y la edición como sólidos trinomios. Esto queda en evidencia
casi de modo automático en los primeros minutos del filme cuando Berliner padre
es renuente a contar su historia ante cámaras a causa de la insignificante que
resulta a su juicio. Así, muy prolijamente el director introduce
insertos audiovisuales de una pelea de boxeo mientras la
disputa verbal permanece en voz en off. Pero aquel inserto no es mero azar
sino sólo el inicio de lo que se prolonga a través del
documental entre dos facciones existentes dentro de las familias: aquellos que
sostienen un interés por su pasado histórico y su identidad; y
aquellos que desean escribir una nueva historia a causa quizás de un pasado
deleznable.
Asimismo,
el uso del sonido juega sagazmente con los momentos en el desarrollo de la vida
de Berliner padre. Un manejo soberbio de los silencios junto a la cámara
fija que refleja el paso del tiempo en la figura del señor y cómo es
contrastado con el banco de imágenes de lo que fue en algún momento. Pero también
esos silencios justifican su terquedad a narrar su vida porque quizás en
realidad le resulté estar más cercano a la muerte, debido a que ya no tiene
espacio para hablar del futuro, sino del pasado.
Alan
Berliner "reinventa" el documental biográfico con esta
propuesta audiovisual de reflexión familiar plenamente honesta. Crea celebridades anónimas,
una especie de personajes públicos pero mucho más terrenales y lejos de las
estrellas que toman protagonismo en conjunto dentro su "Nobody's
business". Asimismo, golpea sutilmente a las mentes audiovisuales
“creativas” para colocarse al mismo nivel de relevancia cualquier otro tipo de documental, pero bajo el género
de documental biográfico.

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