Archivo del blog

sábado, 31 de mayo de 2014

Un perro surrealista.

Inesperado, Ininteligible, Inexplicable. Es en breve una posible lectura de una obra surrealista de la magnitud de Un Chien Andalou de Luis Buñuel. Estas líneas pretenden compartir lo que puede acontecer audiovisualmente cuando se transgrede la estética del relato; y se manifiesta en pantalla como una especie de experiencia onírica.

En este filme podemos ver como el tiempo en relación a la realidad se proyecta en un estado desorientado y portador de sentido, a su vez. En una de las primeras escenas se aprecia como le cortan el ojo a una mujer que de pronto toma cuerpo de una res. Esta imagen violenta y poco habitual parece introducirnos a un “universo paralelo” según los directores, donde el espectador será cegado de una mirada convencional de las cosas.

Tras esta escena, se propagan una serie de imágenes inusuales sin una narrativa congruente como primera impresión. Podemos notar esta alteración del tiempo observando la heterogeneidad de los títulos: “érase una vez”, "8 años después”, “hacia las 3 de la mañana”, “dieciséis años después”, “en primavera”. 

En esta sencilla acción de introducir títulos que no concuerdan con el tiempo que transcurre en la película, podemos vivir tiempos relativos o mentales, que podrían acercarse a sensaciones producidas en los sueños, o bien incluso en el mundo real. Cuando pensamos que un segundo se puede convertir en una eternidad, o cuando una hora pasa inmediatamente. Es una manera de romper con la secuencia de la narración; y  así, invitar al espectador a  ‘liberarse’ de lo que puede entender como tiempo lineal y única manera de ver las cosas.

No obstante, el filme no solamente ofrece un posibilidad de interpretación onírica sino también de carácter libidinoso en relación al deseo y la frustración. Es así, debido a que al enfrentarnos a una obra surrealista surge un choque contra lo más profundo de cada uno. Por lo tanto, ¿quién era Buñuel?, ¿quién era Salvador Dalí?

Los comentarios de la época sindicaban a Luis Buñuel como el arquetipo de virilidad varonil e incluso homofóbico. Dalí, por otro lado, según confesión propia era un masturbador compulsivo y sentía cierto temor por caer en la homosexualidad.

Por lo tanto, no extraña que el híbrido entre ambos resulte en escena un contenido de imágenes de humillación a la virilidad de parte del protagonista.