En ese recorrido vertiginoso por la profanidad en cada rincón del mundo, el buen Alex Zamora explora una casa de apellido “Roja”. Un lugar de estancia extranjera en Miraflores donde la única lengua en común es satisfacción de la libido.
La imagen era típicamente matinal en uno de los cuartos de una casa denominada eufemísticamente como roja: La casa Roja. Alex lucia sobre la cama junta a una mujer rubia hasta en el pubis -tan igual a las actrices de nuestra primera porno- y bajo una inmensa pintura Hare Krishna. Seguían los minutos de silencio en la habitación hasta que Alex abrió los ojos para detenerse en el cuerpo desnudo de la blonda y sin preguntar se puso arriba otra vez. Mala movida. Faltaba poco para las 7 de la mañana y en la casa los habitantes empezaban a merodear.
El sudor del sexo cambiaba por un sudor de nerviosismo. Las voces provenían de la cocina y ahora de la sala, alguien estaba al teléfono. Una voz en español y conclusión inmediata: el dueño de la casa. La cruda seguía desnuda, Alex termina de vestirse. Se sienta en la cama dándole la espalda a la rubia y empieza a mover la pierna derecha intensamente. La espera valió la pena. Esa voz había desaparecido y era momento de cortar la tensión de la habitación. Antes de mover la manija de la puerta voltea hacia la cama y se despide cortante: “I have to go. Bye”. Fuera de la habitación el panorama estaba seguro. Cruzar la sala, la puerta y luego a su auto. Listo. Comienza la fuga.
Las visitas eran más constantes a la Casa Roja. Era todo un descubrimiento. De a pocos conocía más gente que estaba de intercambio estudiantil o trabajaba en el país. De conocer el primer piso, paso al segundo, tercero y hasta el cuarto que era una azotea con más cuartos. Se entero que eran 20 y que los precios eran proporcionales al espacio.
De noche la casa mostraba un rostro de más acción. Una llamada previa para coordinar que no haya moros en la costa. A veces se cruzaba con otros “foráneos” en la puerta o en los alrededores. Sonrisas delatadoras. Sin hacer mucho alboroto evidentemente. El dueño puede aparecer y la cagada.


