Duplas y
parejas en el cine: uno o más golpes al relato
Una emoción, una intuición o
cualquier tipo de desequilibró de una de las partes en un dúo dramático
desencadenan un nuevo escenario en el relato que también acarrea nuevas figuras. He ahí un golpe conmovedor en los sentidos del espectador a partir de
la trama.
Amigos,
amantes o incluso desconocidos. Poco importa el estatus que posea este tercero
cuando interfiera en la estabilidad de un dueto que presente una narración. Lo
indefectible es que el objetivo a satisfacer por el protagonista estará
condicionado a lo que provoque este nuevo personaje en uno de los miembros.
Aquel triángulo
de emociones originado en la oficina se desarrolla en "A dangerous
Method"(2011), que exhibe la vorágine de ser Freud y Jung respectivamente
en tiempos de un neófito psicoanálisis. Una paciente en común, Sabine
Spielrein, y un posterior affaire de por medio a manos de Jung, desenlaza en el
interés de ella por el psicoanálisis acudiendo a Freud; que no hará más que
encender los celos de Jung. Seguidamente se instala en el largo una apasionada
serie discursos instruidos en la construcción del psicoanálisis aunado a vínculos
emocionales entre los tres.
El amor
verdadero también es viable en una relación poliamor tal como Gaspar Noe lo
materializa con "Love" (2015). En este largo, Murphy y Electra
estropean su sólida relación de pareja tras el embarazo de Omi, una de las
tantas o tantos miembros de sus aleatorios festines carnales. A partir de ese
nuevo escenario, Murphy congela el tiempo en el relato para evocar flashbacks
de su pasado con Electra. Viajes temporales que aterrizan al protagonista a
causa de los llantos o inquietudes de su accidentada nueva familia.
Desde la vereda
del amor al sexo por sobre otras razones, "Dreamers"(2003) revela las
gestas anárquicas en pleno Mayo del '68
de los mellizos Theo e Isabelle, y que después junta a Matthew, un
estudiante estadounidense de paso en París. Precisamente, tras ser introducido
al grupo de hermanos, las motivaciones se alteran para pasar de la amistad a
una relación de a tres que destaca por el irrespeto a la monogamia y la
tolerancia al incesto. Tampoco es ajena "The Doom Generation" (1995),
que se prolonga a partir de un road trip inesperado en la costa californiana
entre Jordan, su novia y un desconocido tras un asesinato. A partir de este
viaje, el relato vira a un "menage a trois" entre los susodichos con
sucesos no menores que bordean la muerte.
En esa línea,
también destaca "Crash"(1996), más al punto de revelar una parafilia
desorbitante en el matrimonio entre James y Catherine. Una pareja que
caricaturiza la infidelidad al no solamente celebrarla, sino en alimentar su
libido a partir de colisiones de autos sumadas al regocijo por las secuelas que
les dejan. Una realidad que se magnífica al conocer a Vaughan, líder de este grupo de desviados,
con quién Catherine copula dentro de un vehículo mientras su marido juega de voyeurista
desde el retrovisor.
A su vez, no
necesariamente un tercer personaje se vislumbra en una nueva trama, éste
también puede tener injerencia a partir de su categoría abstracta. "Gone
girl” (2015) se distingue por la
conducta condicionada tanto de Amy como de Nick, cónyuges en la mira de la
policía y la prensa, que amoldan su accionar ante el acorralamiento de éstos a
causa de la supuesta muerte de Amy a manos del marido. Con la esposa en la
clandestinidad, la tensión del thriller roza picos insostenibles hasta que Amy rehúye
a la argucia psicótica de aparecer con vida en la casa de Nick ante el
aturdimiento de éste, la prensa y la policía.
David Lynch, la
excepción
Esta temática
continua para dar paso al expresionismo “lyncheano” con “Lost Highway “(1996),
que a primera instancia se erige como un conflicto marital entre Fred y Renee;
que sólo David Lynch logra desvirtuarlo a una pugna ininteligible entre Pete y
Alice. Sin contar a otros seres extraordinarios tales como el Hombre Misterioso
(¿el inconsciente de Fred?), ni Mr. Eddy/Dick Laurent (¿el amante de la esposa
de Fred?).
Diversas
entrevistas hechas al realizador estadounidense se enfrentan a una exigua explicación
respecto a esta obra que escapa de la sinopsis. "Lost Highway" –o
casi todo el repertorio Lynch- apelan a la interpretación del espectador por
sobre la intención fílmica del director.
Por lo tanto, he de desterrar asociaciones respecto a la linealidad del
objeto audiovisual porque de esa manera el camino hacia la categoría de
abstracto con la acepción de “malo” será irreversible. Más bien, el entendimiento del más
contemporáneo cine de Lynch se discierne a partir del sudor del mismo relato y
sus protagonistas.
Con ese
deslinde, comprender las anomalías en el mundo de Fred y Renee resulta mucho
más viable si y sólo sí se sigue el filme a través de las claves que ofrece
Lynch: las elipsis, los silencios, los fundidos a negro y toda la retórica del
montaje durante la película. Toda esa estructura narrativa que propone el
director nos conduce a lo más profundo de Fred, que subvierte la estabilidad
del relato; y conduce al espectador a
presenciar un aparente reemplazo en los protagonistas tras la trasmutación de
Fred en Pete.
En esencia, Fred,
no es más que aquel sujeto inmiscuido en un matrimonio que se encuentra en un
punto muerto, y que empieza a ser gobernado por el subconsciente. Éste empieza
a sospechar de una posible infidelidad con todos los ajetreos que esto acarrea:
he ahí Pete, he ahí Mr. Eddy y he ahí el Hombre Misterioso. Personajes que
funcionan como ramificaciones internas de su protagonista, quién expresa su
desencanto contra su pareja y su propio matrimonio.
De vuelta a la superficie
En esa maraña de
emociones devenida en una relación que destaca por el número de amantes
vislumbra "Vicky Cristina Barcelona" (2008) de Woody Allen, que
salvando la extensión conceptual, aterriza todo el caos audiovisual de Lynch
para limpiarle la carretera al guion fílmico y alejar la aberración narrativa.
Dos mujeres
estadounidenses que parten hacia España aceptan pasar el fin de semana con Juan
Antonio, un recién conocido pintor
español, con que a la larga desarrollarían una inestable historia triangular de
amor pasajero. A partir de esa aparente estabilidad, surge María Elena, ex
pareja del artista, con quien se arma una nueva figura poliamor que destaca por
las escenas neuróticas del reparto femenino.
Vicky, Cristina,
Maria Elena y Juan Antonio son la etiqueta de insatisfacción en el amor que se
manifiesta en cortejos simultáneos a pesar de la sombra monógama que los
acecha. Sólo la sapiencia masculina de Juan Antonio, una suerte de brichero
hispano, permite su faena al alimón en base a su saber hacer de cómo hechizar a
un par de gringas muy al margen de la presencia de su ex novia.
Con cierta
similitud al nivel de la multiplicidad de personajes, las obras de Allen y
Lynch se enfrentan en la forma cómo éstos se trasladan en el relato. Los intérpretes
de Allen recorren el relato de manera lineal con un inicio y desenlace que el guion
soporta y enfrente al espectador sosegadamente. Para Lynch, más bien, sus
personajes se inmiscuyen en una travesía cíclica a partir del desborde del
subconsciente de Fred, quién atrapa al espectador como al mismísimo texto fílmico;
y obligando generar la interpretación de la audiencia.
Multiplicidad de personajes a partir de emociones banales o del apoderamiento del yo más profundo. Nuevos personajes que incluso toman protagonismo y que surgen esencialmente como consecuencia de acciones de los duos de un relato en proceso..... el deseo, los celos, la lascivia. Un tercer personaje, un tercer golpe relato, una nueva trama.
