Miradas desde el lupanar
Instantes inevitables
en cualquier guión de cine incluyen alguna escena mórbida que van desde
cándidos besos hasta desenfrenados quite de ropa con gemidos alaridos de por
medio. A su vez, también están aquellas dónde el amor no es gratuito, más bien
tiene un precio.
En el cine peruano se
encuentran variadas situaciones dónde se representa la prostitución, que de
acuerdo al espacio y el contexto varia según la propuesta cinematográfica.
Esta, a su vez, se alinea al heterogéneo imaginario nacional de deseo:
charapita, blanquita o vedette.
Francisco Lombardi,
presenta un reencuentro amical en un cantina que culmina con una inopinada
visita a un prostíbulo en "Los Amigos" (1979), uno de los episodios
de "Cuentos inmorales". No obstante, no son las meretrices quienes
lideran tamaña salida sino la repentina desviación sexual de uno
ellos. Este filme desarrolla una especie de fórmula espacial entre una
cantina y un burdel, o mejor dicho esta última como su prolongación tras varias
botellas de más. Asimismo, esta funciona no sólo para estrechar vínculos sino
fundamentalmente para reafirmar la virilidad del grupo.
Nuevamente Lombardi
exhibe la experiencia del lupanar bajo la mitología de la mujer amazónica en
"Pantaleón y las visitadoras"(1999). Esta es minuciosamente elaborada
al punto de presentar a una proxeneta como nexo para acceder a los servicios de
sus trabajadoras. Todas ellas muy bien acicaladas, uniformadas y con genuinos
apelativos. Tal y como si fueran unas ejecutivas, pero bastante más profanas.
Éstas, de igual forma,
no son seres anónimos ni relegados: poseen voz y su espacio no se limita a una
litera. Es así que la puesta en escena montada en la selva, además, involucra
cierta exultación instantánea en las acciones subsiguientes del reparto: el próximo
beso, la acción copulativa o cualquier escenario de seducción. En efecto,
pareciera que la manera más salomónica de resolver un conflicto es a través de
encuentros carnales o con una mentira espontánea. Todo esto con el mero fin de
no detener la cadencia reinante en la Amazonía.
También se presentan
este tipo de travesías lideradas por púberes en búsqueda de su primera entrada
a un cuerpo femenino. "Mañana te cuento" (2005) y
"Peloteros"(2006) plantean este primera exploración desde las
antípodas sociales: si en la primera obra se paga en dólares y se trae a la
meretrices a casa en modo delivery; en la segunda, más bien se opta por un
trocadero de Breña bastante más terrenal.
No obstante, a
comparación de las citadas películas de Lombardi, más que una práctica
explícita coital el foco de atención se despliega a través de una charla
didáctica sobre sexualidad entre adolescentes y prostitutas; que no en vano son
acompañados por indistintos planos conjuntos de un modo casi lúdico. Así, el
enclaustre a solas en una habitación con una mujer resulta mucho más
gratificante ante la posibilidad de un primer fracaso fálico.
Erotismo
y cine es un híbrido perpetuo que plasma el deseo esencialmente masculino de
poder visualizar a actrices inalcanzables sometidas promiscuamente dentro de un
universo ficcional. A su vez, el mundillo del prostíbulo en el cine no debe
verse meramente como un espacio libertino. Más bien, este funciona como un
retrato social de la mirada que ofrece determinada cultura a todas las
periferias que incluyen a dos objetos de deseo varonil: el sexo y las mujeres.
