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sábado, 31 de enero de 2015

Miradas desde el lupanar

Miradas desde el lupanar

Instantes inevitables en cualquier guión de cine incluyen alguna escena mórbida que van desde cándidos besos hasta desenfrenados quite de ropa con gemidos alaridos de por medio. A su vez, también están aquellas dónde el amor no es gratuito, más bien tiene un precio.

En el cine peruano se encuentran variadas situaciones dónde se representa la prostitución, que de acuerdo al espacio y el contexto varia según la propuesta cinematográfica. Esta, a su vez, se alinea al heterogéneo imaginario nacional de deseo: charapita, blanquita o vedette.

Francisco Lombardi, presenta un reencuentro amical en un cantina que culmina con una inopinada visita a un prostíbulo en "Los Amigos" (1979), uno de los episodios de "Cuentos inmorales".  No obstante, no son las meretrices quienes lideran tamaña salida sino la repentina desviación sexual de uno ellos. Este filme desarrolla una especie de fórmula espacial entre una cantina y un burdel, o mejor dicho esta última como su prolongación tras varias botellas de más. Asimismo, esta funciona no sólo para estrechar vínculos sino fundamentalmente para reafirmar la virilidad del grupo.

Nuevamente Lombardi exhibe la experiencia del lupanar bajo la mitología de la mujer amazónica en "Pantaleón y las visitadoras"(1999). Esta es minuciosamente elaborada al punto de presentar a una proxeneta como nexo para acceder a los servicios de sus trabajadoras. Todas ellas muy bien acicaladas, uniformadas y con genuinos apelativos. Tal y como si fueran unas ejecutivas, pero bastante más profanas.

Éstas, de igual forma, no son seres anónimos ni relegados: poseen voz y su espacio no se limita a una litera. Es así que la puesta en escena montada en la selva, además, involucra cierta exultación instantánea en las acciones subsiguientes del reparto: el próximo beso, la acción copulativa o cualquier escenario de seducción. En efecto, pareciera que la manera más salomónica de resolver un conflicto es a través de encuentros carnales o con una mentira espontánea. Todo esto con el mero fin de no detener la cadencia reinante en la Amazonía.

También se presentan este tipo de travesías lideradas por púberes en búsqueda de su primera entrada a un cuerpo femenino. "Mañana te cuento" (2005) y "Peloteros"(2006) plantean este primera exploración desde las antípodas sociales: si en la primera obra se paga en dólares y se trae a la meretrices a casa en modo delivery; en la segunda, más bien se opta por un trocadero de Breña bastante más terrenal.

No obstante, a comparación de las citadas  películas de Lombardi, más que una práctica explícita coital el foco de atención se despliega a través de una charla didáctica sobre sexualidad entre adolescentes y prostitutas; que no en vano son acompañados por indistintos planos conjuntos de un modo casi lúdico. Así, el enclaustre a solas en una habitación con una mujer resulta mucho más gratificante ante la posibilidad de un primer fracaso fálico.

Erotismo y cine es un híbrido perpetuo que plasma el deseo esencialmente masculino de poder visualizar a actrices inalcanzables sometidas promiscuamente dentro de un universo ficcional. A su vez, el mundillo del prostíbulo en el cine no debe verse meramente como un espacio libertino. Más bien, este funciona como un  retrato social de la mirada que ofrece determinada cultura a todas las periferias que incluyen a dos objetos de deseo varonil: el sexo y las mujeres.